DISK READ ERROR OCCURRED

[Grabado digital 33402XOB-TR]
24 Febrero 2378
[Comienzo]

Hace unos meses me interesé por rescatar la memoria histórica de la familia. Este tipo de fijación morbosa por el pasado rara vez da sus frutos, pero algunos dicen que es la búsqueda lo que llena el corazón de las personas, y no su resultado final. En mi caso concreto, la información detallada acerca de mis antepasados comenzaba a finales del siglo XXII, cuando se difundieron los primeros registros digitales en finísimas láminas de polímeros de carbono. Todo lo que había ocurrido antes estaba pobremente conservado. Sabía que uno de mis antepasados se llamaba Fabrizio y que había nacido en 1982 en lo que ahora es la Reserva Cultural-Natural del Mediterráneo Norte. Los datos genómicos confirmaron la verosimilitud del dato. Era el único del que tenía noticia, así que decidí iniciar mis investigaciones a partir de ahí.

La mayoría de las grandes bases de datos de los gobiernos de aquel entonces se habían evaporado durante los años de las microguerras, cuando las corporaciones dieron sus últimos golpes de cola y, tras utilizar software dañino instalado por sus consultores, atacaron las capitales mundiales con armas EMP. Así que preferí agilizar los trámites pidiendo un permiso especial y visitando la antigua casa de mi antepasado, en una pequeña localidad de la península ibérica, también parte de la Reserva. Acompañado por un guía aborigen local, Josep, llegué a la estación científica de Valencia el 7 de enero, en medio de una fuerte ventisca que asolaba la pradera de lo que antiguamente se conocía como “Huerta”.

Al cabo de dos horas de viaje por los restos de las autopistas llegamos a un conglomerado de edificios abandonados cuya posición geográfica coincidía con los datos de los que disponía. Lo que quedaba del edificio era un ejemplo atrevido de arquitectura del siglo XX, aunque no el más osado, ni mucho menos. Echar abajo la puerta blindada y entrar en las habitaciones no costó mucho esfuerzo. En el interior reinaba una tranquilidad sobrenatural. Las viejas luces de emergencia con batería de hidrógeno aún seguían emitiendo un brillo imperceptible. Un robot doméstico miraba hacia el umbral con los sensores muertos, sin energía. Era el imperio del silencio y la desolación.

La casa no ofrecía grandes pistas. Enseres y muebles se parecían a los de aquella época. Dado que la mayoría de obras escritas habían sido convertidas y preservadas en el siglo XXII, decidí no dedicar mis atenciones a los libros que quedaban en los estantes. Varias de las habitaciones contenían aparatos de video y viejos ordenadores. Comprendí haber dado con la habitación de Fabrizio al ver que algunos papeles en el suelo hacían mención explícita de su nombre. Escarbé sin éxito en los armarios y en las cajas, en busca de documentación que hubiese resistido durante todos esos años. Las pilas de discos compactos eran inútiles: los cambios de temperatura y la degradación del tinte grabado habían echado a perder gigabytes de datos valiosos. El único CD que pude leer, un “Memorex” de superficie negra de alta calidad, contenía únicamente ficheros de música. A juzgar por el desorden y la falta de etiquetado de los soportes, mi antepasado debía ser un personaje caótico.

Fue en ese momento que me invadió la frustración más grande, conforme comencé a constatar que la informatización desastrosa de hace cuatro siglos había sentado las bases para la pérdida de casi toda la historia de la época. Las memorias de estado sólido que conseguí hallar eran totalmente inaccesibles. La antigua informática de la Tercera Revolución Industrial, pensada para millones de consumidores y para ciclos de vida de no más de cinco años, no había podido superar la cadena de desastres que embistió el planeta en la mitad del siglo XXI. Con el optimismo suicida de una economía en expansión, las corporaciones habían cumplido el sueño utópico de la vida digital, pero no se habían preocupado de su conservación, dando por sentadas una estabilidad social perenne y la responsabilidad de los usuarios a la hora de almacenar copias de seguridad. Pero no creo que mi antepasado pusiera sus discos compactos en la nevera, ni que sacase copia impresa de alta calidad de cualquier transacción que hiciese.

La Segunda Ley era inexorable. El disco duro del ordenador personal estaba desmagnetizado, así como el del portátil. Una cámara digital Nikon, que ahora sería una auténtica joya para coleccionistas, yacía con un objetivo de 30mm montado y la ranura de la tarjeta SD abierta y vacía. Dándole energía a la cámara pude leer el contador interno de disparos: 43455. Nadie podría ver nunca las fotos captadas, ya que no existían copias impresas - a diferencia de las que sí pude hallar en las habitaciones de otro antepasado mío, con toda probabilidad el padre de Fabrizio. Aun suponiendo que Fabrizio hubiese participado del auge de las redes sociales y de la web 2.0, nada de ello podría ser de utilidad, ya que la copia caché de Arpanet (o Internet) había sido borrada por error en el año 2153. La suerte no sonreía a los nostálgicos como yo.

Estuve a punto de maldecir el tiempo perdido cuando di con una caja negra de aspecto prometedor. Al soltar el cierre la tapa se levantó ligeramente, dejando al descubierto un hatajo increíble de papelitos amarillos y blancos: era la única documentación impresa que encontré sobre Fabrizio. La componían docenas de facturas de compra y hojas con anotaciones confusas, escritas con caligrafía arcaica. La mayoría de tiquets de compra, vestigio de la relación entre los ciudadanos y las corporaciones, eran fragilísimas láminas de papel blanco, sin nada visible (y tengo entendido que el fenómeno ocurría a los pocos años).

Tuve más suerte con los “postits”, pequeños trozos de papel adhesivo gracias a los cuales pude reconstruir un mínimo de historia: pasiones resumidas en pocas palabras, direcciones, números de algún sistema de telefonía primitivo, dibujitos, listas de la compra y de objetivos futuros (”tesis”, “adelgazar”, “idiomas”, “oposiciones” y otros términos que no me decían nada significativo). La vida de mi antepasado, que imagino intensa, estaba condensada en esos mediocres cuadrados de papel. Todo lo que Fabrizio había creado estaba perdido para siempre, como una partícula de polvo flotando en el aire, y mi búsqueda había sido infructuosa.

El siglo XXI seguía siendo el gran espacio vacío en la historia de mi familia.

[Fin del grabado]

7 Comentarios

  1. Violant
    Puesto el 12 Febrero 2008 a las 13:58 | Enlace permanente

    ¡Magnífico!
    Me preocuparé por dejarles algo de información a mis sucesores en papel, visto que es posible que así sobreviva…
    (Ahora es cuando se quema mi casa y…)

  2. Puesto el 12 Febrero 2008 a las 18:42 | Enlace permanente

    Espero que además de los post-its tu descendiente encuentre cierta camiseta ganadora de no sé qué microrrelato :p

  3. Puesto el 13 Febrero 2008 a las 20:36 | Enlace permanente

    Alguna vez lo he pensado yo también: cuando todos los discos duros del mundo se vayan a la mierda vayan a saber a causa de qué, todos nuestros esfuerzos blogosféricos (y no será lo más importante) se perderán mucho más rápido que cualquier lágrima en la lluvia.

  4. Puesto el 16 Febrero 2008 a las 22:19 | Enlace permanente

    Ayer me falté contigo en un comentario y no pude publicarlo… algo de no sé qué error de acceso a no sé qué base de no sé qué datos… ¡¡pillín!! ¿Enmascarando la censura con un toquecillo geek? ;-)

    :-D

  5. Puesto el 16 Febrero 2008 a las 23:18 | Enlace permanente

    Jo Fabrizio! Enhorabuena no sólo por el post, sino por el blog en sí. Conocía La Cosa Humeda de hace años (algunos de aquellos posts me gustaron mucho), pero este blog se supera, no sé lo encuentro todavía más profesional. Seguiré la evolución del mismo. Un saludo y bona nit!

  6. Flavio
    Puesto el 21 Febrero 2008 a las 19:24 | Enlace permanente

    Escalofriante. Pero me deja un toque de tristeza…

    Como que todo lo que estoy haciendo no sirve para nada…

    Pero no puede ser así.

  7. Puesto el 11 Marzo 2008 a las 18:13 | Enlace permanente

    como dijo nosekien “toos a la mierda”

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