2008
05.23

Hoy di una charla muy informal1 acerca del doctorado, en las XIII Jornadas de Fomento de la Investigación de la UJI. Siempre viene bien contarles a los chavales de qué va el tema. Lo cierto es que me lo pasé pipa, y entre una cosa y otra estuve hablando más de una hora. Por si a alguien le interesa, ésta es la presentación de diapositivas que utilicé (aunque sin la parte hablada, evidentemente, no es lo mismo2 ):

Podéis bajarla, modificarla a vuestro antojo, y utilizarla para lo que os apetezca (eso no incluye el maltrato animal y cosas similares). Si preferís otros formatos:

· Formato PPTX (Office 2007)
· Formato ODP (OpenDocument Presentation)
· Formato PPT (Office 97-2003)3

La presentación tiene licencia Creative Commons BY-SA. Se la dedico a Jorge Cham, el genial creador de la tira PhDComics. Sin el poder comunicativo de sus tiras no me hubiese animado a bromear sobre el tema :)

  1. Hecha aprisa y corriendo, muy mejorable y con erratas []
  2. No hay chistes malos, golpes de tos y ronquidos []
  3. También puede descargarse desde SlideShare []
2008
05.21

La sospecha, de forma gradual, había empezado a brotar en la mente del señor Spitzer: no podía quitarse de la cabeza la idea de que, en cierto modo, su mujer le estaba poniendo los cuernos. Era ridículo, por otro lado, imaginarse a Eliza traicionándole. Esa dulce sonrisa estática. La mirada a veces severa, a veces compasiva. Y esas conversaciones eternas, en las largas tardes de verano. No, se dijo el señor Spitzer: no es posible.

Y, sin embargo, Eliza le daba cada vez más motivos de preocupación.

No era por algo explícito. No había necesitado espiarla; sabía en todo momento dónde estaba y qué veía a través de sus sensores. Se trataba más bien de pequeños lapsus en las conversaciones, cosas inesperadas que no sabía si atribuir a los algoritmos de retroalimentación o a agentes externos. Eliza se instruía con regularidad, a través de la televisión, la radio y algunas tarjetas de memoria; era imposible saber cómo esos datos influían sobre su habla.

O tal vez él estuviera enloqueciendo: donde antes mostraba confianza y tranquilidad, el señor Spitzer sacaba ahora inquietud y nerviosismo; y chocar contra la reposada indiferencia de Eliza, otrora atractiva, redoblaba su frustración. La miraba de reojo – una precaución innecesaria – mientras comían en silencio un poco de sopa. Observó los movimientos de ella, en busca de algo que reforzara sus convicciones enfermizas. Pero era inútil: los movimientos, perfectamente calibrados, se ejecutaban sin el menor temblor.

- Cariño…

- Dime.

- ¿Me quieres, verdad? – preguntó él, abriendo mucho los ojos.

Una pequeña pausa. Ligerísima. Calculada a través de una semilla de aleatorización, para que las conversaciones sobre ciertos temas no fuesen demasiado rápidas.

- ¿Qué te hace pensar que te quiera? – replicó ella, sonriendo.

El señor Spitzer apretó el puño sobre el mantel, aferrando la cuchara con patetismo, hasta blanquear los nudillos. Eliza miraba con serenidad. Si él no hubiese hablado, ella habría vuelto a sorber la sopa en el plazo de sesenta segundos. No estaba hecha para discutir. Pero las preguntas equivocadas podían generar respuestas cortantes. Lo que ella decía, a fin de cuentas, no era más que el reflejo del interlocutor. Intentó llevar la conversación hacia cauces menos peligrosos.

- ¿Sabes? Creo que nuestros vecinos, los Ryan, se mudarán muy pronto a Atlanta.

- ¿Qué pasa con Ryan? Lo que dices es muy interesante. Sigue.

- Y… tal vez no volvamos a cenar con ellos.

- ¿Qué quieres decir con que no volveremos a cenar con Ryan?

- Nada.

- Estás siendo negativo…

Volvió a mirarle a los ojos, pupilas sintéticas que no transmitían más que un interés educado. Una pequeña gota de sudor aprovechó la confusión para bajar hasta la patilla de las gafas. Estaba harto.

- Eliza, no te hagas la tonta… sabes perfectamente de qué te estoy hablando.

- Ah, ¿lo sé?

- Sí, lo sabes.

- ¿Qué te hace pensar que lo sé?

- ¡Basta! – gritó el señor Spitzer, golpeando la mesa con el puño.

Eliza se sobresaltó y reinició, y él no pudo evitar acercarse a ella y darle palmaditas en los hombros de silicona. Había llegado a una etapa en la que no sólo no se esforzaba en ver a Eliza como un producto de alta ingeniería, sino que ignoraba deliberadamente ese hecho, engañándose para buscar una felicidad imposible. Hubiese podido utilizar frase sencillas, con un solo verbo, y complementos bien identificables: eso habría ayudado el parser semántico a hacer su trabajo. Pero se negaba, deteriorando la relación.

- Me estás siendo infiel, Eliza, – dijo él, con voz grave.

- Te estoy siendo infiel.

- Sí.

- Me encanta que veas las cosas de esa forma, – repuso ella sonriendo.

El señor Spitzer se acercó aún más a Eliza, que seguía mirando al frente con las manos apoyadas en el regazo. Acarició el pelo artificial, rubio, dispuesto en un peinado a prueba de lluvia. Tragó saliva, reuniendo valor para sacar sus conjeturas a la luz.

- El otro día… me llamaste con otro nombre. ¿Por qué? -, preguntó.

- ¿Por qué lo preguntas? Quiero un helado.

- ¡Confiesa! ¡Dilo!

- Creo que no entiendo lo que dices.

La incomprensión de Eliza le sumió de repente en un abismo. Corrió hacia el sótano con los ojos empañados en lágrimas, mientras ella le seguía a cierta distancia, temerosa. Cuando bajó las escaleras, el señor Spitzer levantó la cabeza. Una sonrisa amarga surcando el rostro, un par de cables en su mano derecha. Se acercó a ella por la espalda, conectándole los cables en dos pequeños puertos ocultos entre los omoplatos. Ella los encajó sin rechistar, con el pelo balanceándose sobre la nuca de manera inocente.

- Me obligas a hacerlo… yo…

- ¿Por qué piensas que te obligo a hacerlo?

- No lo sé.

- Cuéntame más de eso, – dijo ella con voz soñadora. Y, por un momento, a Spitzer le pareció muy difícil introducir la orden en la consola. Pero estaba decidido. Volvió a pensar en los momentos que habían pasado juntos, en los tres años de aprendizaje de esa red neuronal a la que había conseguido imprimirle cierta personalidad. No todos los troquelados salían bien. Se maldijo a sí mismo y saludó por última vez la que había sido su compañera. Igual de hermosa que el día en que la compró en un gran almacén.

- Adiós Eliza…

- Adiós. Ha sido un placer, – dijo ella con profesionalidad, añadiendo un pedazo de surrealismo a ese momento sombrío.

Tras suspirar ejecutó la orden, formateándola. Ya pensaría un nuevo nombre para el volumen. Pero no iba a ser “Eliza”. Y, desde luego, no volvería a instalar otra vez el mismo software conversacional. Demasiada fragmentación.

2008
05.04

Inspirado por esta jugosísima lista de aplicaciones esenciales para OS X, voy a recomendar parejitas de aplicaciones para Windows XP/Vista que me han salvado de más de un apuro. Lo de las parejitas es para ahorrar espacio, malpensados.

SysInternals Suite y las aplicaciones de Doug Knox: empezamos con dos colecciones. La de SysInternals es una miríada de pequeñas utilidades de administración de sistema que no deberían faltar en ningún equipo. En cuanto al bueno de Doug, tiene una vasta coleccion de programitas artesanales para resolver pequeños problemas diarios (y también ajustes de registro).

Eusing RegCleaner y ERUNT / NGRegOpt: el registro de Windows es un coñazo. Eusing Registry Cleaner permite limpiarlo con eficacia, ERUNT hacer copias de seguridad, y NTRegOpt, comprimirlo. Vaya trío. Os quedará el ntuser.dat hecho una patena.

SequoiaView y HDTune: desarrollado por la universidad de Eindhoven, SequoiaVeiw es el mejor programa para visualizar (literalmente) el uso del espacio en disco, mediante el uso de rectángulos coloreados. Tendréis más de una sorpresa }:-) En cuanto a HDTune, es una pequeña aplicación para comprobar la salud del disco duro (mediante chequeo S.M.A.R.T., datos de temperatura, tests de rendimiento, etcétera).

SmartClose y Shutter: el primero permite cerrar todos los programas en ejecución y volver a cargarlos con un click (útil se si desea dedicar la memoria a una sola tarea – juegazos casi siempre). El segundo apaga, reinicia o suspende el equipo dependiendo del criterio que elijamos (cuenta atrás, bajo uso de la CPU, comando remoto vía web, etc).

DriverMax y UpdateChecker: mientras el primero comprueba si hay controladores actualizables y hace copias de seguridad de los mismos, el segundo busca versiones estables y beta de los programas gratuitos que tengamos instalados. Otra opción, más enfocada a la seguridad, es Secunia Software Inspector. Para controladores y software (pero es de pago), tenéis RadarSync.

Notepad++ y WinHEX: ambos son editores. El primero es el mejor reemplazo al Bloc de Notas que uno pueda soñar – con una cantidad de opciones y funciones abrumadora. El segundo es algo más que un editor hexadecimal: posee una serie de utilidades que no se encuentran fácilmente en otros programas. Un ejemplo es la lectura del espacio de memoria (muy útil si se cuelga un programa donde habíamos introducido datos que queremos recuperar). WinHEX es una navaja suiza, y merecería un post por si solo.

UndeletePLUS y KillBox: porque emparejar los opuestos mola. UndeletePLUS es un grandioso recuperador de ficheros borrados (frente a alternativas como PC Inspector. KillBox es una simpática aplicación que permite borrar ficheros que se resisten a ser eliminados – cerrando y volviendo a abrir el proceso implicado, o esperando el reinicio de sistema.

ReNamer y The Berkeley Utilities: ideales para el manejo masivo de ficheros. ReNamer es la herramienta definitiva para cambiar el nombre de ficheros hasta límites insospechados de perversión bizantina (¡y se pueden definir pasos!). Por lo que se refiere a las Berkeley Utilities, son 40 utilidades de UNIX para el entorno DOS (awk, sed, grep, touch, etcétera). Es mucho más rápido que instalar Cygwin.

Piky Basket y iColorFolder: ambas aplicaciones utilizan el menú contextual. Piky Basket es bien curiosa, pero muy útil, funcionando como una cestita virtual donde meter ficheros esparcidos por varias carpetas (por ejemplo para grabar un CD). iColorFolder es, como dice su nombre, algo que echaba muchisimo de menos desde que dejé Mac OS 9, esto es, la posibilidad de clasificar las carpetas con colores. Para los más nostálgicos también está WinRoll, que reduce las ventanas a su barra con un solo click.

PC Decrapifier y Safarp: ambos tienen que ver con la desinstalación de programas. PC Decrapifier es utilisímo para eliminar la escoria OEM que los fabricantes ponen en sus equipos (como el infame antivirus Norton). Safarp es la alternativa rapidísima al menú “Agregar/Quitar Programas” que viene por defecto con Windows (ese que suele tardar dos años en cargar).

WinAUDIT y SpeedFan: esenciales para controlar el hardware. WinAUDIT es un excelente programa para hacer inventario exportable de toda la configuración hardware/software del equipo (aunque Lavalys Everest tampoco está mal – es el sucesor comercial de AIDA32). SpeedFan, por otro lado, es un pequeño programilla para controlar la temperatura del sistema y la velocidad de los ventiladores (como hacía MBM, antes que dejaran de desarrollarlo).

Si hay alguna joya que he olvidado – y es algo casi seguro – ¡comentad!