Cretinia, con mucho esfuerzo, ha conseguido ser una ciudad llena de contrastes.
Los pintores municipales, por ejemplo, cubrieron las fachadas de algunos edificios con patrones blancos y negros que favorecieran un panorama distinto, vivo. Las aceras colindantes con los contenedores de basura fueron regadas con costosas colonias. Y el concejal de urbanismo ordenó que, en los barrios de chabolas, se distribuyera un generoso aguinaldo en los números impares de cada calle. Se autorizó a los mendigos para que se instalasen delante de las tiendas de lujo; y se obligó a cualquiera que llevase traje y corbata a ir en bicicletas rotas y a los hippies a conducir coches deportivos.
Porque tener contrastes es importante.
Ninguna ciudad que tenga pretensiones turísticas puede carecer de ellos. Todas las guías suelen citar ese importante dato. Si una ciudad carece de contrastes está funcionando demasiado bien, o es demasiado tranquila, sosa, aburrida. Por lo que se refiere a Cretinia, las acciones de la administración anterior han sido insuficientes. Por eso el nuevo alcalde quiere impulsar medidas drásticas para crear adorables diferencias que, tan sutiles ellas, contribuyan a hacer de la urbe un lugar más interesante, vibrante, dinámico y, en suma, rentable y puñetero. No basta con empobrecer barrios enteros o permitir urbanizaciones en sierras protegidas: hay que dar un paso más hacia la microgestión del contraste.
Hacer la vida difícil, pero no imposible: he aquí la clave.
Los menús de los restaurantes de lujo incluirán obligatoriamente un 30% de platos asquerosos. Las prostitutas irán muy abrigadas y serán puritanas. Los perros, eso sí, podrán seguir cagando donde les plazca. Por otro lado, las discotecas no podrán agruparse en cualquier sitio, sino cerca de museos, en el centro histórico, para que los borrachos puedan vomitar directamente en las fuentes y debajo de los monumentos (eso, según un reciente estudio de Nielsen & Associates, aumenta el contraste en un 5%). Templos e iglesias serán recolocadas al lado de rascacielos, para que el turista se quede boquiabierto ante ese rincón de espiritualidad engastada en una moderna Babilonia. La polución rodeará a los parques como un cinturón respetuoso. Y las autopistas serán más silenciosas que las callejuelas mediante el uso de barreras acústicas. Todo esto mejorará la experiencia del turista medio.
El reto más grande, sin embargo, consistirá en cambiar la mentalidad de los ciudadanos. Para que Cretinia pueda ser la ciudad de contrastes que todos queremos sus residentes deberán cambiar. Tendrán que ser cultos y a la vez groseros. Refinados pero muy dados al griterío. Sibaritas en el McDonald y puercos en el Chez Maxim. Acogedores y xenófobos. Tolerantes con los idiotas e intransigentes con quien hace su deber. Los clientes pretenderán tener razón cuando no la tengan. Y las parejas no se besarán en los parques, sino que directamente copularán como mandriles. Los niños serán más serios que los adultos, y los ancianos podrán lanzarse en paracaídas desde las azoteas. También sin paracaídas.
Porque una ciudad sin contrastes es una ciudad muerta. Y nosotros queremos que Cretinia sea viva, muy viva.

7 Comentarios
Ché, esta gente que estudia turismo y publicidad, que bien saben venderse.
En que ciudad te habrás inspirado…
Juraría que conozco esa ciudad :-D
Describiste al detalle mi ciudad; pero creo que para que cambien las cosas acá deberá caer una bomba que desintegre toda esta porquería de una buena vez.
(pero antes tengo que salir de acá!!! jajaja)
Saludos (:
Estás insinuando que los que vamos al Mac somos puercos? :)
No :-P
Cretinia: I’m lovin’it!