Una tranquila tarde de verano. Un parque. Dos mujeres abrazando a sus maridos, apoyados en sendos regazos. Una de ellas acarició la superficie metálica del suyo, haciéndolo ronronear por la rejilla de ventilación.
- No puedo quejarme de George, la verdad - dijo con dulzura y orgullo.
La otra miró a su propio marido: algo más anticuado [...]
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