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	<title>Fa.Brizio.Info &#187; diálogo</title>
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	<description>Tocando la moral desde 1982</description>
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		<title>Liebebeamte</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jun 2008 11:54:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabrizio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[funcionarios]]></category>

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		<description><![CDATA[- Estimada Doña María&#8230;
- Exponga su petición, Honorable Don Vicente&#8230;
- He resuelto presentarle por duplicado la siguiente declaración de afecto incondicionado. Vigente a partir de un minuto después de su lectura.
Allí, delante de los grandes armarios repletos de archivadores, Vicente (grupo B) le tendió a María (grupo C) un pequeño burofax sellado, compulsado y repleto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Estimada Doña María&#8230;</p>
<p>- Exponga su petición, Honorable Don Vicente&#8230;</p>
<p>- He resuelto presentarle por duplicado la siguiente declaración de afecto incondicionado. Vigente a partir de un minuto después de su lectura.</p>
<p>Allí, delante de los grandes armarios repletos de archivadores, Vicente (grupo B) le tendió a María (grupo C) un pequeño burofax sellado, compulsado y repleto de anexos. El documento principal era un pequeño billete con un mimo enamorado y prostrado sobre un banco: corazoncitos saliéndole del pecho monocromático, trazo naïf, una composición banal.</p>
<p>- Los recursos destinados a la redacción y composición del presente escrito han supuesto el empleo de la totalidad de fondos de la partida emocional, &#8211; añadió él, nervioso.</p>
<p>María se emocionó, dejando caer un dossier. Miró a Vicente a los ojos.</p>
<p>- Su declaración ha sido recibida correctamente. Será procesada con la máxima celeridad, &#8211; dijo ella, bajando la mirada. &#8211; Dispondrá de hasta diez días hábiles para subsanar errores o adjuntar documentación.</p>
<p>Vicente dio un paso adelante, reduciendo el espacio entre los cuerpos. Tomó las manos de ella.</p>
<p>- Tras un atento escrutinio, vuelvo a solicitar información acerca del estado del trámite.</p>
<p>- Dificultades objetivas impiden por el momento solventar la demora&#8230; Sin la preceptiva autorización de las figuras parentales de la interesada&#8230;</p>
<p>- A tenor de lo recibido, ¡solicito una respuesta oficial! Y que se haga pública para general conocimiento.</p>
<p>Ella alzó otra vez la mirada, con desconcierto. Retiró sus manos, rompiendo el contacto. Ahora en sus ojos brillaba cierto resentimiento.</p>
<p>- Se recomienda para ello seguir los cauces indicados por el Procedimiento Común de&#8230;</p>
<p>- Ruego téngase en cuenta la especial relevancia del caso.</p>
<p>- Contra esta resolución, cabe interponer recurso contencioso-afectivo, &#8211; dijo ella, algo molesta. &#8211; La solicitud se desestimará transcurridos seis meses&#8230; por silencio administrativo, &#8211; añadió.</p>
<p>Dicho esto, María se dio la vuelta y se alejó por el pasillo, haciendo resonar los tacones sobre el suelo de terrazo. Vicente se quedó de pie, en el mismo sitio, apretando con fuerza un sello.</p>
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		<title>Diálogo con la almohada</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Jan 2008 14:51:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabrizio</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[almohada]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[surreal]]></category>

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		<description><![CDATA[A eso de las nueve menos cuarto, cuando uno vuelve a dormir después de los primeros despertares automáticos, me hallaba sumergido en el sueño más placentero, ese estado de penumbra mental que permite disfrutar del momento en su plenitud: la calidez de las sábanas limpias, el colchón amoldado alrededor del cuerpo, la temperatura constante, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A eso de las nueve menos cuarto, cuando uno vuelve a dormir después de los primeros despertares automáticos, me hallaba sumergido en el sueño más placentero, ese estado de penumbra mental que permite disfrutar del momento en su plenitud: la calidez de las sábanas limpias, el colchón amoldado alrededor del cuerpo, la temperatura constante, el estruendo de la ciudad paseando delante de mis oídos, la vejiga sugiriendo que ya era hora de cambiar el agua a las aceitunas, el estómago rugiendo, la erección matutina, y otras cosas que hace el cuerpo para arrancar en frío.</p>
<p>Fue en ese instante que mi despertador alemán, diligente, encendió la radio en la sintonía de Radio Clásica. Me llegaron las notas perplejas de instrumentos de cuerda, lentas en su proceder, como si la orquesta se hubiese dormido en su sitio y se hubiera reanimado tañendo violines y demás trozos de madera. Alguna obertura de algún compositor muerto en edad temprana. Muy apropiado. Dejé que los sonidos se estiraran medio minuto más y acaricié el Grundig en busca del botón de apagado, que aporreé sin gracia. Volví a hundirme en la cama con los ojos cerrados, abrazando la almohada. No quería nacer aún. No un lunes por la mañana, desde luego.</p>
<p>- Levántate y camina, Lázaro -, me dijo la almohada.</p>
<p>- Hhrrmfmfpg -, contesté.</p>
<p>La almohada, como era de esperar, siguió en su sitio. Tener la movilidad de un pato muerto hace que las almohadas desarrollen una personalidad cínica y una lengua afilada.</p>
<p>- Venga, afronta el nuevo día. Carpe diem, mamón.</p>
<p>- Estoy cansadísimo. Hecho polvo. ¿Es que no lo ves? -, le pregunté abriendo un ojo irritado.</p>
<p>- Entonces es un buen momento para soltártelo.</p>
<p>- ¿El qué?</p>
<p>- Te dejo -, comentó somera y algo indignada.</p>
<p>Esas palabras me despertaron del todo. Apoyé el codo al colchón y me incorporé a medias, mirándola. La huella de mi cabeza seguía allí, como un cráter de franela.</p>
<p>- ¿Por qué? -, pregunté. Mi voz sonaba pastosa. Los ojos, llenos de legañas.</p>
<p>- Estoy harta de que me abraces, estrujes, aplastes y me sueltes tus babitas cada noche. Se acabó. Búscate a otra. Una de esas furcias jóvenes de látex. Esas anatómicas, con curvas.</p>
<p>- Pero&#8230;</p>
<p>Si la almohada hubiera podido cruzarse de brazos, lo habría hecho. Se limitó a seguir inmóvil, impertérrita. No esperaba tamaña reacción. Mi fiel compañera iba a dejarme en la estacada, a abandonarme para siempre, como un fiambre en la cuneta de una carretera rural.</p>
<p>Reaccioné con el mayor dramatismo posible: bostezando y volviendo a dormir.</p>
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