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	<title>Fa.Brizio.Info &#187; Opinión</title>
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	<description>Tocando la moral desde 1982</description>
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		<title>Enseñar sobre las tablas</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Mar 2008 15:07:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabrizio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[enseñanza]]></category>
		<category><![CDATA[teatro]]></category>

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		<description><![CDATA[Se habla recientemente de lo mal que va la educación secundaria, especialmente en el sur de Europa. Puestos de cola en el informe PISA, 70% de alumnos en Italia con un suspenso, chavales que pasan de curso en España con un cero en matracas, ríos teñidos de sangre, estrellas cayéndose, gatos y perros acostándose juntos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se habla recientemente de lo mal que va la educación secundaria, especialmente en el sur de Europa. Puestos de cola en el informe PISA, <a href="http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/cronache/200803articoli/30916girata.asp">70% de alumnos en Italia con un suspenso</a>, chavales que pasan de curso en España con un cero en matracas, ríos teñidos de sangre, estrellas cayéndose, gatos y perros acostándose juntos. Todo eso genera inquietudes pasajeras y da a los tertulianos de la mañana algo de lo que hablar mientras toman sorbos de agua y mastican alegremente rosquilletas. Se piensa en quien dar la culpa: que si los padres, la sociedad, los profesores, las políticas educativas de los gobiernos, la televisión, el aspartamo.</p>
<p>Es todo mucho más sencillo que eso: los profesores no saben recitar.</p>
<p>Después de cinco o seis años de estudiar oposiciones y pasarlas canutas como interino, lo primero que uno siente por lo que hace, en muchos casos, no es más que pasividad e indefensión. Hordas de chavales asaltan docentes quemados y puteados a diario. Los chavales siempre han sido pirañas: no es algo nuevo. Antes el docente podía recurrir a castigos más efectivos; ahora la juventud, más escasa, es intocable. ¿Qué arma le queda al docente? Si no tiene entusiasmo residual, sólo el carisma. En primaria no es tan problemático: basta con medir medio metro más que los nanos para que estos te respeten. En secundaria es otro cantar: los ríos de hormonas se dejan notar. Poderosos músculos adolescentes encajonados en clases angostas, pugnando por moverse y actuar. Pequeños hunos creciendo. El saber se deposita sobre ellos como caspa.</p>
<p>De carisma los docentes andan muy escasos (y, en sí, la profesión no es valorada socialmente). El CAP, o el máster por el que será sustituido, no son más que un mero trámite gilipollesco. Veréis: los contenidos no son el problema. Pero los contenidos no se enseñan solos. No contienen en sí la semilla pedagógica. Cualquier tema puede enseñarse fatal, y no hace falta para ello un loro: con poner a una persona insegura y cansada a hablar delante de 30 cenutrios con granos, varias horas al día, el juego estará hecho. Los alumnos no atenderán: tienen cosas más interesantes en las que centrar su atención. Se conocen de sobra los trucos cinematográficos más efectivos.</p>
<p>Una solución puede ser dar clases de teatro a los profesores noveles. La retórica siempre ha sido una parte fundamental de la transmisión del conocimiento: obviar este simple hecho es quedarse ciego ante la realidad. El conocimiento es de por sí árido: si los mejores libros de texto apuestan por innovaciones en la gráfica, colores y las formas de expresión, ¿por qué no hacer lo mismo con la clase magistral? Enseñar o dar una conferencia es, en parte, seducir. Hay que presuponer que el público-alumnado de la enseñanza obligatoria no tiene un especial interés en lo que se le contará: por eso el mero contenido no es suficiente.</p>
<p>¿A qué me refiero con teatro? Me refiero a saber estar en un escenario. A soportar el escarnio y la mirada de espectadores potencialmente hostiles. A saber mirarlos a los ojos. A saber usar la voz (la incidencia de afonías entre el profesorado es altísima). A tener también una mayor seguridad en uno mismo y en el propio papel. Con azúcar las medicinas se toman mejor, dicen: aplíquese eso a la enseñanza. Sí, siempre habrá personas que por un motivo u otro no necesitarán este tipo de ayuda. Hay quien suple la falta de carisma con el puro desprecio por los alumnos. O con cierta cerrazón autista bien llevada, de esas que te convierten en una sanguijuela estatal de rostro pétreo.</p>
<p>No hace falta pensar en House dando su clase, ni tampoco en Robin Williams en El Club de los Poetas Muertos. A pesar de constituir dos excelentes ejemplos de profesor-actor, no hace falta llegar tan lejos para dar clase de forma efectiva. No es necesario ser el rey de la comedia, ni tampoco un <span style="font-style: italic">drama queen</span>. Basta con aprenderse una docena de trucos escénicos, a recibir lecciones de algún foniatra o logopeda, incluso aprender a respirar bien. A saber manejar (manipular) las propias emociones de forma efectiva (de eso va, a grandes líneas, la inteligencia emocional). Eso no se enseña en la carrera. Ni en temarios de oposición. Y creo que tampoco en el CAP. Ni siquiera la práctica enseña eso. La gente tiende a perpetuar sus vicios y miedos, o a lo sumo se desensibiliza.</p>
<p>Que se abra el telón.</p>
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